miércoles, 11 de enero de 2006

Bienvenida...

Seas quien seas, te doy mi bienvenida.
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Despójate de tus defensas y, con el alma liberada de ese peso, descansa un rato.
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Ocupa tu tiempo aquí como mejor te apetezca. Sabes que puedes quedarte. Sabes que puedes regresar tantas veces como desees. Incluso puedes simplemente tenderte bajo el sol, sobre la granulada arena, o al frescor de la sombra, bajo los polvorientos pinos, descansando los entumecidos músculos antes de continuar tus navegaciones.
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Más allá del blanco encaje de las olas te esperan mis extensos dominios, abisales, ricos, íntimos pero también laberínticos, casi inabarcables. Si te apetece sondearlos, hazlo libremente; tú sólo tienes que decidir qué paisajes deseas recorrer. El pasaje no es excesivo: sólo las ganas de navegar. Si bien, te advierto que no podré protegerte del embrujo de las sirenas, si es que en efecto te tropiezas con ellas en medio de la travesía.
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Eso sí, si al cabo del tiempo no hallaras nada que te retuviese aquí, yo misma podría ayudarte a abrocharte de nuevo la armadura, para que puedas así proseguir tu viaje de regreso a Ítaca.
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1 comentario:

  1. Nuevamente renace de sus cenizas el Ave Fénix, igualmente hay una gaditana(un poco loca, según dices, aunque yo no me creo tal aseveración)que cual Guadiana aparece y desaparece y para saber de ella hay que bucear las procelosas aguas ciberneticas.

    Desde este cuarto de derrota seguiré tus aventuras transoceánicas.

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Te doy la bienvenida a mis mares.
Muchas gracias por verter en ellos tus palabras.