20 diciembre, 2009

Lista de cosas pendientes

- Arrojar los hábitos de luto a la basura.
- Limpiar hasta la última mota de tristeza.
- Barrer bien el suelo de demonios.
- Poner velas en los rincones oscuros.
- Comprar azúcar y recoger las fresas.
- Hacer un balance con los besos.
- Pintar las macetas de colores.
- Decorar de rosa los cristales.
- Plantar fe, claridades, gracias...
- Bailar descalza con los duendes.
- Redactar ese fax para las musas.
- Podar la hiedra que está asfixiando a la esperanza.
- Colgar casitas para hadas en los árboles del jardín.
- Poner tiestos de alegrías en los pretiles del alma.
- Guardar esta lista en el ventrículo izquierdo.
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Gracias, Queralt, por hacerme retomar con tus palabras este poema,
el cual dormitaba inacabado en un rincón de mi estuche de lápices...

03 octubre, 2009

Fruta madura

Mi huerto huele a fruta ya madurada,
Y huele a jugosos y albos azahares,
A noche de principios de verano,
A promesa cumplida,
A cornucopia.
No en vano,
La epidermis de mi alma
acaricia ya el satén de los sueños.
Y alberga mi paladar toda la lluvia
Y los amables fotones de mi invierno,
Los poemas y trifulcas de las sílfides,
La arcilla, el momento y las estrellas.
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·· Detalle de "El Árbol De La Vida" de Gustave Klimt ··

20 agosto, 2009

Tarde de levante

Como si de un lienzo de Sorolla se tratara, el luminoso paisaje parece inmóvil, como congelado en el tiempo. Incluso las hojas de los árboles permanecen quietas. Sólo el rugido y el fugaz discurrir de los automóviles traicionan tanta quietud.
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El viento de levante se ha quedado dormido sobre el espejo de la pleamar; el Atlántico es ahora un león azul que dormita bajo la implacable mordedura del sol. Lo demás es todo de color amarillo; incluso las abigarradas sombrillas parecen amarillear bajo la luz cegadora de un día de verano.
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El asfalto arde; una cortina de calor enturbia el aire, pintando espejismos en la mediana lejanía. Hay un gato descansando a la sombra menguante de un edificio; es el único valiente que queda sobre todas las aceras de la ciudad. Los ventiladores giran sin descanso, removiendo el oxígeno caliente. La urbe respira con pesadez, sumida en su particular siesta estival.
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En tanto, los niños juegan a la orilla del mar y, sobre la arena candente, las sacerdotisas de Apolo ofrecen sus cuerpos al sol en busca del bronceado perfecto.
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Imagen: "Niña" de Joaquín Sorolla, gentileza de ElPais.com (link)

08 mayo, 2009

El árbol de la vida

En medio de la ruina y el dolor
hallé la vida.
Renació
entre las rocas,
sobre la despiezada arquitectura de mi existencia.
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La juzgué frágil;
no me di cuenta entonces de cuan fuerte era su milagro.
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Ahora,
a la sombra del sus arbórea presencia,
contemplo mi particular jardín del Edén,
cuyo limo vuelve a latir
en el tuétano de mis huesos.
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A su amparo
los campos de esperanza de mi alma reverdecen hoy
y sobre mi costado izquierdo
los arriates se llenan de flores nuevas.
···"tree of life" de Srag (c) DeviantArt (link)

04 mayo, 2009

amor de conveniencia

Ella sabía que él sólo la llamaba cuando a él le convenía...
Sin embargo, había veces que también a ella le convenía que él la llamase...

















la imagen es
"telephone" de austtothein (c) DeviantArt (link)

14 abril, 2009

el pozo

A veces
el Alma es un pozo
en el cual
nos precipitamos...














"The Well" de DoidaPorTi (c) extraída de DeviantArt (link)

08 abril, 2009

Por los níveos páramos

Por los níveos páramos deambulo
sin rumbo, sin razón y sin consuelo.
En mi garganta habita hoy sólo un gañido
allá donde una vez hubo palabras.
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El ruido del mundo barrió mi reino,
me arrebató las hadas y los duendes,
los huertos de fresas y los naranjos,
las mariposas, las polillas, los elefantes.
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A la puerta de los libros de poemas
mendigo a las musas transeúntes,
esperando atesorar la gran fortuna
que un día abonará mi regreso a Ítaca.
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(Poema incitado por Mariam. Gracias, amiga)
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02 abril, 2009

De principitos y princesitas...

Cuando quiere saber el tamaño de las cosas, la gente grande las miden, las pesan, las cuantifican y les ponen precio. Sin embargo, no es fácil hacerles entender lo equivocados que están. No midas nunca las cosas como lo hacen la gente grande, pues suele ocurrir que las cosas pequeñas son mucho mayores que todas las demás. Por mucho que crezcas, mide siempre las cosas como lo hace la gente pequeña...
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Y si alguna vez se te olvida cómo se hace, vuelve a leer "El Principito"...
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Para Esther en su 7º cumpleaños.

01 marzo, 2009

Sin chocos con los que nadar...

No sé si será la partida de Don Carnal, pero hoy me siento especialmente triste. Su comitiva apenas se aleja de aquí y ya echo de menos las impertinencias del señor Momo; bueno, señor por decir algo, pues hay que reconocer que Momo nunca se comportó como tal. Sin embargo, cómo no extrañar sus afiladas palabras, su rima casi arquitectónica y esa sagacidad deslenguada que tanto nos hizo reír hace un par de días.
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Nadie pudo resistirse a su malicia, ni tan siquiera las Musas, pues también hay Musas en la corte del rey del Carnaval. Si bien, como andan disfrazadas de un lugar para otro, los forasteros ni siquiera reparan en ellas. Pero los foráneos sí que sabemos distinguirlas, incluso a leguas de distancia, pavoneándose entre los bardos con esa seguridad que les otorga la belleza... Esa bendita belleza...
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Lo que quiero decir es que se acabó lo de desternillarse de risa y lo de rodar por el suelo a carcajadas, a mandíbula batiente. Y se terminaron los atracones de erizo, las guerras de papelillos, los duelos de tinta y las emboscadas de sprays de colores.
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De hecho, comprueben como hoy no hay ya fantasmitas por las calles, ni vampiros sin colmillos, ni piratas con espadas de plástico, ni hadas, ni princesas, ni brujas, ni leones de peluche, ni apaches, ni vaqueros con babuchas. Hoy no os sorprenderá ningún cuplé en ninguna esquina ni las procesiones de tangos en las plazas. Ni siquiera de los buñuelos y de los churros de harina hallareis rastro ya. Todos se fueron huyendo de Doña Cuaresma, tan estirada y beata como todos los años, tan puntual, tan restrictiva, tan seria, tan aguafiestas al fin y al cabo...
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Mis fieles marineros, recojan las velas y echen anclas y amarras, porque esta noche toca contar batallitas en la tabernas del puerto. Sin embargo, no quiero verlos llorar pues ya sólo quedan once meses para que volvamos a pescar atunes en el Paraíso...
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28 enero, 2009

a mis lectores

No deja de sorprenderme como mi deambular errático por el mundo a veces retumba contra el deambular de otros, poniendo en marcha una reacción en cadena parecida a las de las bolas de billar sobre el tapete verde.
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Suspendidas en el espacio, nuestras almas chocan unas contra otras. Y sin darnos cuenta, nuestro propio impulso hace que, tras el golpe, esas otras almas cambien de dirección al tiempo que cambiamos de dirección nosotros mismos. Nos convertimos en acción y reacción, en pura teoría física, en alquímica respuesta...
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Como electrones giramos y giramos, mudándonos de un átomo a otro, transformando y transformándonos. Ya no somos magos. Ahora somos simplemente la Magia...
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Bajo el auspicio del verso inmediato camino ahora el mundo, lejos de los desiertos, bendecida por el lector omnipresente. Vivida soy al instante, justificada, completa pues hoy las atómicas presencias cardiacas giran a mi alrededor, transformándome, transformándose. ¿Existe acaso mayor belleza?
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imagen: "Galatea de las Esferas" de Salvador Dalí.

hilo musical: "A Sad & Sorrowful Goodbye" de Michele McLaughlin

Con especial dedicación a ese Anónimo que dejó sus huellas en La Sílaba de Miel

12 diciembre, 2008

La sílaba de miel

Como réplica a La Sílaba de Agua
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Yo quise pronunciar mi palabra exacta,
apresar lo incorpóreo
en el hilado azul
que rasgó el lienzo inmaculado,
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atraparla, abrazarla, sostenerla,
profunda y hermosa,
justa e infinita,
esquiva, fugaz, hospitalaria.
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Por ella cabalgué yo
las blancas praderas
en busca de esa luz
que todo lo enciende.
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Y así me doctoré
en la rara alquimia
que muta las hieles en néctar
sobre la aérea arquitectura del término.
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Y libé entre las erizadas rosas
su arcana y mística belleza
de cera y miel para verterla
en cien panales de versos.

12 noviembre, 2008

Trapecista

Pedía tan pocas cosas a la vida, tan pocas. Yo sólo quería escribir. Sin embargo, todas las piezas de mi historia encajaron de tal forma que lo que hicieron fue recomponer el rompecabezas opuesto.

Durante un tiempo intenté buscar a los culpables de tal desaguisado. Culpé al destino, culpé a todos los dioses que hallé por el sendero, culpé a la mala suerte… Y me culpé incluso a mi misma, pues los puzzles nunca se me dieron demasiado bien. Pero a estas alturas nada de eso importa ya demasiado, no ahora que veo yacer a mis pies a ese destino que tan resistente y poderoso pareció un día, ahora moribundo, desahuciado y roto.

Como un Goliat mi corazón cayó lapidado por las piedras que a su paso los pequeños acontecimientos blandieron. Cada una de ellas es un interrogante, un miedo, una duda que me asalta y me apedrea la esperanza, que me roba los motivos. Desorientada en mitad del camino maldigo todo lo andado y todo lo que me queda por andar, sin saber qué hacer, sin saber adónde ir, sin saber siquiera las coordenadas exactas de dónde me hallo.

Yo podría seguir luchando. Yo podría seguir avanzando contra vientos y mareas. Podría seguir oponiéndome al naufragio en que se ha convertido mi propia vida, pues aún me queda un ápice de fuerza en las más recónditas galerías del alma. Sin embargo, lo que no me queda ya son excusas.

Sé que no estoy preparada para abandonar a estas alturas; aún me quedan tantas cosas pendientes, tantas cosas por hacer… Pero están tan lejos de aquí, tan distantes que tendría que caminar cien años más para alcanzarlas. Sin embargo, sé que no viviré cien años. Por eso tampoco estoy preparada para seguir; seguir, ¿seguir adónde? Me duelen los pies del alma de tanto andar sin rumbo, de tanto paso gratuito. ¿Seguir adónde?

Mejor me quedo aquí. Quizá a alguna musa le coja de paso este recóndito lugar y se digne a venderme sus encantos a cambio de una módica cantidad de palabras, ofreciéndome su cálido e interesado abrazo para eclipsar por unos minutos la sordidez que me rodea, reconociéndome al oído mi genialidad y asegurando, como a tantos otros, que no halló sobre la faz de la Tierra mejor trapecista que yo.

imagen: corvin.com
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