La Sarabanda de Haendel convertida en Adagio para Barry Lindon
Este jueves, Mónica nos invita a hablar de amor. La misión: edificar un romance. El reto: ambientarlo ilustrándolo, musicándolo, edificando un escenario que lo arrope.
El siguiente texto está dedicado a Leon Dudevant, personaje secundario de uno de mis relatos, que me ha inspirado estas líneas.
Más historias en casa de Mónica.
He visto tu bandera en el arco de mármol. / Pero el amor no es una marcha victoriosa / Sino un frío y roto aleluya... Extraído del 'Hallelujah' de Jeff Buckley.
En su camino de vuelta, había cruzado campos de batalla. Había matado y se había dejado matar. Había muerto cien veces y había resucitado otras tantas, siempre con su nombre en la boca, siempre con su beso en los labios.
Había salvado un mundo entero aferrado al desmadejado ovillo de su memoria, sin saber si lo hallaría allí, esperándolo al final de la senda. Sin embargo, no por ello había cejado en su empeño de regresar, como una suerte de Ulises, obcecado en saciar una promesa.
De pie ante la puerta del palacio, despojado ya de nombre, de raíz y de disfraz, temió que ni siquiera él lo reconociese. Las dudas tronaron en su cabeza y, durante un segundo eterno, una jauría de miedos le cruzó el alma gruñendo, aullando, hollando, hasta que al fin sus miradas colisionaron en la densidad del aire. Entonces, a solas en mitad del sordo gentío, sus almas se elevaron ingrávidas, juntas, sin nombre, sin raíz, sin disfraz, despojadas de espacios y de tiempos.
El siguiente texto está dedicado a Leon Dudevant, personaje secundario de uno de mis relatos, que me ha inspirado estas líneas.
Más historias en casa de Mónica.
He visto tu bandera en el arco de mármol. / Pero el amor no es una marcha victoriosa / Sino un frío y roto aleluya... Extraído del 'Hallelujah' de Jeff Buckley.
En su camino de vuelta, había cruzado campos de batalla. Había matado y se había dejado matar. Había muerto cien veces y había resucitado otras tantas, siempre con su nombre en la boca, siempre con su beso en los labios.
Había salvado un mundo entero aferrado al desmadejado ovillo de su memoria, sin saber si lo hallaría allí, esperándolo al final de la senda. Sin embargo, no por ello había cejado en su empeño de regresar, como una suerte de Ulises, obcecado en saciar una promesa.
De pie ante la puerta del palacio, despojado ya de nombre, de raíz y de disfraz, temió que ni siquiera él lo reconociese. Las dudas tronaron en su cabeza y, durante un segundo eterno, una jauría de miedos le cruzó el alma gruñendo, aullando, hollando, hasta que al fin sus miradas colisionaron en la densidad del aire. Entonces, a solas en mitad del sordo gentío, sus almas se elevaron ingrávidas, juntas, sin nombre, sin raíz, sin disfraz, despojadas de espacios y de tiempos.
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Imagen creada con IA © |
ahhhhhh una bellísima historia que logra transportarnos hacia otras épocas en las que una historia de amor tan intensa logra transformarse en una aventura épica!...ya sobrevivir a las vicisitudes era un logro, mantener viva la llama del amor, todo un triunfo!
ResponderEliminarun beso Auxi, y gracias por sumarte.
=)
Faltaría más! Gracias, guapa!
EliminarHermosa historia de amor, de esas que superan todos los obstáculos y todos los tiempos, porque están prendidas con fuego y pasión dentro del corazón de los que lo protagonizan.
ResponderEliminarMe encantó tu aporte y la música que le pusiste.
Un abrazo.
Precioso trabajo. Muy bien descrita la narración. Un placer haberte leído.
ResponderEliminarSaludos
Muchas gracias. Bienvenida a mis Llanuras Abisales.
EliminarMe ha gustado mucho pasar por aquí y leerte. Auxi. ambientada y muy ciudada tu aportación al jueves. besos.
ResponderEliminarGracias, Montse!
EliminarEs una de las pocas veces que veo la unión perfecta entre texto e imagen! Bravo, compañera. Beso y cafelito.
ResponderEliminarJo! Gracias, Censu! Un honor!
EliminarEl amor no sabe ni de épocas ni de situaciones. Cuando rompe, lo hace con una eclosión de sentimientos que son capaces de nublar todo lo que rodea.
ResponderEliminarUn abrazo.
Gracias, Juan!
Eliminarpreciosa historia de un romance lejano a los tiempos que vivimos, pero en el fondo late el corazón.
ResponderEliminarAparentemente lejano... ;)
EliminarEl soldado que regresa de la batalla junto con su amada, que le espera con los brazos abiertos. Muy bien ambientado
ResponderEliminarUn abrazo
Muchas son las batallas a las que nos enfrentamos...
EliminarHabía matado y muerto en mil batallas. Su deseo de regresar al lado de su amada, era casi tan grande como la duda de si lo reconocería y si seguiría amándolo. Parece ser que sí, que el amor a veces no conoce ni de distancias ni de obstáculos ni de tiempos. Se encontraron plenos de deseo.
ResponderEliminarHermosa historia épica y amorosa.
Un fuerte abrazo.
Gracias, Pepe! Cuando el amor el sincero y puro, todo lo puede!
EliminarQué bien expuesto y declarado. el final de la batalla. El encuentro al fin.
ResponderEliminarun abrazo
Una historia con final feliz... Raro en mi... Bueno, de vez en cuando, hay que darle algo de carrete a Cupido... ;)
EliminarAtractivo texto, lleno de matices etéreos que describen muy bien. Directo y emocionante. No hay que esperar para vibrar con él.
ResponderEliminarBesos
No hay que esperar para vibrar con él... Mil gracias, Alfredo...
EliminarUna preciosa historia de amor con un final feliz...como debe ser.
ResponderEliminarCupido, que me ha dado coba ;)
EliminarHola Auxi. Quería avisarte del estreno on-line del Cortometraje Pelucas. Es sólo hoy, esta tarde. Ve a mi blog y allí encuentras el enlace para poder verlo, si está interesada, claro.
ResponderEliminarUn cálido abrazo