Hay quien lo llama don,
aunque a ratos yo lo llamo castigo.
Cual una adicción,
sólo hallo ya la paz alimentándolo.
Mientras tanto él, extraño órgano invisible,
navega mi fisiología
y se atiborra a mi costa
a lo largo de su inquisidora travesía
por el torrente sanguíneo.
Lozano y hambriento,
a mi don no le conforma ya la mera simbiosis.
Ahora, su poeta
irremisiblemente se disuelve
en los jugos gástricos
de su parasitaria bendición.
aunque a ratos yo lo llamo castigo.
Cual una adicción,
sólo hallo ya la paz alimentándolo.
Mientras tanto él, extraño órgano invisible,
navega mi fisiología
y se atiborra a mi costa
a lo largo de su inquisidora travesía
por el torrente sanguíneo.
Lozano y hambriento,
a mi don no le conforma ya la mera simbiosis.
Ahora, su poeta
irremisiblemente se disuelve
en los jugos gástricos
de su parasitaria bendición.
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Imagen creada con IA © |
Comentarios
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Te doy la bienvenida a mis mares.
Muchas gracias por verter en ellos tus palabras.