Hay ventanas que miran al exterior (al mar, al jardín, a las avenidas, a los tejados, al ojo patio...) y hay también ventanas que miran al interior.
Son estas ventanas interiores una clase de ventanas muy particulares, pues sus vidrios no son transparentes, sino opacos, a pesar de lo cual disfrutan de inmensas panorámicas. De hecho, pueden dominar extensos paisajes cardiacos, sembrados de sentimientos, de reflexiones, de imaginaciones...
Desde mi computadora las diviso a cientos, unas más próximas que otras; y en el centro de toda la maraña de vanos, el Mundo se ha convertido en un gigantesco patio de vecinos... Incluso nos devolvemos las visitas y las llamadas, como en cualquier otro vecindario que se precie.
Me doy cuenta de que cada una de estas ventanas es un balcón a través del que se transparenta el alma de alguien... Y también aquí, como en el mundo de carne y hueso, hay habitantes más o menos reservados, o más o menos serios, o más o menos falaces, o más o menos profundos. Y hay también quienes se desvisten y orean sus sentimientos con toda la alevosía y desvergüenza que pueden acaparar, presumiendo de ese cálido y fresco nudismo espiritual que tanto me atrapa...
Y es que, ¿para qué negarlo? Los desnudos siguen siendo una de mis debilidades. No en vano, he de confesar que siempre me ha gustado alimentarme del sentimiento ajeno.
Por eso, a veces planeo sobre las nubes de Meim, me caliento las manos en la chimenea de Yari, asisto a los conciertos de Antonio Trigo y de Roger Subirana, y a las convenciones de Dialogos3, y a las lecturas de Amalgama, almuerzo con Fer, tomo té con Bohemia, hablo de Tolkien con Fernando, escucho con atención las noticias que recaba El Machadiano, lloro con y por Marian, me río con 73ideas, envidio la exquisitez de los habitantes de Pandemonium... Y celebro por todo lo alto los sospresivos encuentros con aquellos que hacía tiempo que no veía (por cierto, saludos, Mauro y Ches), así como las nuevas visitas y todos esos desconocidos que se asoman a mi propiedad para saludarme mientras que cruzan mis lares yendo de paso.
Ásí que, desde mi escondite felino, un beso para los habitantes de la blogosfera. Gracias por vuestras visitas. Y gracias por recibirme en vuestras casas.
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Imagen creada con IA © |
Muchas gracias guapisima.
ResponderEliminarAunque ya me gustaría pasarme por esta casa tuya mas a menudo. Aichhh es que esto de entrar por la ventana no se me da bien, jajaja.
Tambien lo veo como una forma de desnudarme, aqui puedo confesar cosas que no haría en otros sitios.
Gracias a ti, cielo.
ResponderEliminarA mi también me gustaría pasarme por tu casa más a menudo, por supuesto... Ojalá el tiempo estirara.
Un beso.
Auxi
ResponderEliminareres una hadita muy especial,
no merezco tanta bondad de tu parte, soy unicamente una pequeña nube tranquila sin historia particular en un cielo immenso,
tanto como tu corazón rebosante
de carisma hacia los demás.
Gracias, Poeta Humanista por ser para todos los que te leemos y apreciamos, nuestro angel guardian.
Un besooooote (celestial)
Desde mi ventana, al desnudo, sin más(sonrisa)
Son las ventanas del alma y somos los menos los que sin temor alguno escudriñamos las de nuestro entorno, no bajamos la mirada, al contrario, la clavamos en la ventana del otro atravesando esa opacidad y misterio sin temor alguno, descubriendo así los misterios ocultos del alma. Me catalogan de analítica, observadora, y yo me rio.....si es tan fácil para mí fijar la mirada y cruzar la ventana que tan celosamente ocultan algunos....así descubro sentimientos puros como también los insanos, así he podido clasificar a mis amigas, haciendo de ellas las mejores, así selecciono y me aparto de quienes no merecen mi amor y compañía. Nuestros Ojos, nuestra mirada, sin duda alguna nuestra ventana del alma Auxi. Gracias una vez más por expresarte en tan bella forma
ResponderEliminarGracias, Jéssica, por tu visita y por tu hermosa réplica.
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