No parece una fruta jugosa; en realidad, ni siquiera despierta el apetito, con ese aspecto acartonado y esa piel lustrosa y recia. Sin embargo, el crujiente acto de abrirla y captar su aroma, ya promete, convertida en una amplia sonrisa sembrada de dientes rojos. Arrancarlos de esa encía blanca y carnosa en la que están engastados es una prueba de paciencias, sólo afrontable en una sobremesa tranquila; si eres de los que miran el reloj mientras almuerzas, es mejor que ni lo intentes...
Escarbando con los dedos y el cuchillo, los diminutos granos van cayendo sobre el plato de cerámica blanca; parecen diminutas gemas, blandos cristales en los que sólo el punto blanco de la semilla desdice su color, de un rosa acuoso. Caen casi de uno en uno, con un sonido sordo que se va mitigando a medida que el contenido del plato crece. Al fin, cuando logro vaciar la fruta, tomo el azucarero con las manos ennegrecidas por el trabajo y vierto sobre los frutos una generosa cucharada del granulado edulcorante.
Al fin, los muerdo y los cristales de la granada estallan en mi boca, derramando su jugo rasposo y agridulce, tonificante.
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Imagen creada con IA © |
Escrito el 28 de septiembre de 2005
en el jardín de mi casa, cuando yo era muy chica, habían un árbol d egranada y un naranjo...también un limonero...y me encantaba arrancar la fruta como ceremonia y festejo!
ResponderEliminarjejejeje...justamente iba a dejarte ese comentario!...pero me encuentro que ya lo hice por el 2008!...cuatro años!....cómo pasa el tiempo...
ResponderEliminarBesos!
Cosas de la blogosfera XD
EliminarBueno... Y eso en lo que a Blogger se refiere... Pero y si retomáramos los comentarios de aquellos Spaces... ¿Cuántos años llevamos compartiendo blogosfera?...
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