Ir al contenido principal

En el aire

Surrender - FaerieNymph, DeviantArt
"Surrender" de FaerieNymph,
en DeviantArt © (link)

En esos extraños momentos en los que me quedo con las manos vacías, no puedo evitar cierta zozobra. No en vano, hay algo, una suerte de inquietud, que se ha instalado en mi vida y que se ha empeñado en succionarme el poco sosiego que respiro para, como un parásito, medrar a mi costa y a costa de mi espacio y de mi tiempo.

Ya sé que he salvado muchos desniveles a lo largo del desordenado terreno que me ha otorgado la vida. Sin embargo, ninguno fue tan amplio como éste, ni tan abrupto, ni tan brumoso.

Ahora el insondable vacío que disecciona el sendero se extiende bajo mi anatomía, que un día se empeñó en salvarlo de un salto. Suspendida en el aire espero la resolución de mi trayectoria, ignorando aún quién acabará sonriéndome al final de toda esta locura: si la suerte o si la implacable fuerza gravitacional.

Texto con todos los derechos reservados ©

Comentarios

  1. Es difícil servir de ayuda desde la lejanía cuando lo que se necesita es un bastón cercano en el que apoyarte.

    Resulta fácil para quien nunca fue fumador, decirte : deja de fumar.

    Desde la lejanía se puede pensar que el primer paso para iniciar el regreso, es dar la vuelta y caminar en la dirección contraria al abismo.

    Nadie dijo nunca que el camino de la vida fuese fácil, llano, ni accesible a todos sus secretos,
    pero podías leer el blog" Shakespeare y yo", para ver como la gente es capaz de salvar las dificultades más duras.

    A veces viendo otras vidas aprendemos entonces, nos damos cuenta, que son auténticas dificultades.

    Hay que seguir escalando para superar los escollos más difíciles.

    Un saludo desde el Bierzo.

    ResponderEliminar
  2. Probablemente, querida Vainilla, la misma fuerza gravitacional te lleve hasta la suerte.
    Te podría contar eso que dicen de que la suerte hay que buscarla para encontrarla, pero, llegada a este punto de la vida, como no me lo creo ni yo ¿para qué decírtelo?
    Aunque sí sé una cosa. Mírate las manos... pero míralas bien ¿ves? no están vacías.
    Y, sonrisas, hay muchas, algunas hasta buscando quien las vea.
    Venga... observa, que tú sabes hacerlo.

    Un abrazo grande, niña.

    ResponderEliminar
  3. El transcurrír del tiempo siempre acaba siendo juez y parte.De la suerte o el derrotismo...no es fácil decír porque cada quien sabe por que se duele.Pero algunas veces improvisar la vida o la calma tiene sus compensaciones.Nada es eterno, las desventuras, tampoco.

    Un abrazo largo

    ResponderEliminar
  4. Auxi; no puedo o no sé poner aquí las etiquetas o códigos que se necesitan para hacer el texto movible.Si lo deseas ( ya que tampoco eso puedo hacer) escríbeme al correo público de mi blog y te envio las explicaciones, encantada.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  5. Hola, Salvochea, Marian, Ana!

    Gracias por esos ánimos. Me vienen muy bien.

    En fin, para bien o para mal, la suerte no tiene costumbre de sonreirme cuando pasa junto a mi, así que ya es algo que ni me sorprende ni me traumatiza.

    Por ahora aquí sigo, en pleno vuelo, con los brazos extendidos, luchando por asirme al otro lado.

    Llamado valentía. Llamadlo instinto de supervivencia. Pero yo siempre hice todo lo posible y siempre luché con denuedo... independientemente de la esquiva suerte...

    Un besote para todos.

    ResponderEliminar
  6. "Si no creyeramos en la suerte
    como justificaríamos la victoria de nuestro enemigo??"

    si los dioses veredaderos te protegen,Auxi,no necesitarás suerte.
    Por cierto.Bajate una estrella mientras estés en el aire anda.

    ResponderEliminar
  7. Hola, Semielfo! Qué de tiempo que no te veía por estos lares!

    Por cierto, qué interesante frase. Da que pensar... ¿Qué es la suerte? A lo mejor es sólo un espejismo de nuestra imaginación...

    Aprovecharé para coger una estrella. Será una forma fantástica de justificar tanto ajetreo. Puedo engarzarla en el palo mayor y prestársela a los navegantes que necesiten algo de luz...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Te doy la bienvenida a mis mares.
Muchas gracias por verter en ellos tus palabras.

Entradas populares de este blog

Convocatoria del 16 de enero | Este jueves, yo pongo el principio

«Denys, que vivía principalmente a través del oído, prefería escuchar un cuento a leerlo; cuando llegaba a la granja me preguntaba: ¿Tienes algún cuento?» Memorias de África, de Isak Dinesen. Todos sabemos que Karen Blixen tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong, y que Meryl Streep la encarnó exquisitamente en 'Memorias de África' como una contadora de cuentos nata, una moderna Sherezade que cautivó con sus historias al cazador y devorador de libros Denys Hatton . En el transcurso de la película, hay un momento en el que Denys solicita a Karen su primer cuento....'Cuando cuento historias a mis sobrinas en casa -lo reta la anfitriona-, una de ellas tiene que proveer la primera frase'... En esta convocatoria, os invito a emular a Karen . Para ello, he preparado una fiesta muy especial. En el salón de actos os esperan 35 Denys ansiosos por incitar a vuestras musas... Cada uno de ellos porta un número. ¿Recuerdan el número que han elegido? Pa

Bruja

La vi  marcharse . Observé sus evoluciones en el viento, sobre el que dibujó media docena de figuras fortuitas, casi erráticas, como las de una hoja a merced de la tempestad. Me sonreí, reconozco que hasta con un poco de sorna. Sin embargo, pronto comprobé con horror que no había rastro alguno de inquietud en su semblante; ella estaba aprendiendo a volar sola. Entonces temblé como un niño asediado por las pesadillas, albergando la inequívoca certeza de que, por más que horadase su anatomía con mi mirada, esta vez ella no volvería la vista a atrás. Palabras: inquietud, marcharse, evolución. Albert Joseph Pénot | 'Départ_pour_le_Sabbat' (1910)

Este jueves, un relato: El regalo

Este jueves intercambiamos regalos en casa de Judith . Con manos firmes al tiempo que sedosas, extrajo el artilugio cardiaco de su cavidad y lo depositó en la caja. Sin envoltorio, sin cintas de colores, sin tarjeta, sin dedicatoria, lejos de la parafernalia que les eran propios, aquella fría nevera de plástico guardaba ahora en su interior el mayor de los regalos. Hygeia, detalle de 'Medicina' de Gustave Klimt Texto con todos los derechos reservados