Esta mañana, durante mi visita matutina al paseo marítimo, me acompañaron en mi camino y durante un largo trecho dos golondrinas, las cuales planeaban a ras de la arena, posándose y echando a volar de nuevo, siempre a esas velocidades de vértigo con que suelen manejarse esas diminutas y ruidosas aves que forman parte del cortejo de la primavera. Y mientras caminaba observándolas no pude evitar que, como todas las primaveras, resonaran en mis oídos los célebres versos de aquel poema de Bécquer.
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Te doy la bienvenida a mis mares.
Muchas gracias por verter en ellos tus palabras.