Regresa.
Reduce a bocados
Ese gélido abismo que nos separa
Y vierte de nuevo en mi oído
El dulce y caliente almíbar
Que ha de disolver mi armadura,
Refugiando mi alma
En la catedral de tus brazos,
Donde podré al fin gritar tu nombre.
Respírame.
Intersecciona conmigo.
Déjame saborear
El panal de miel de tu boca,
Aliento vital,
Combustible cardíaco,
Y ahoyáme a besos el pecho,
Abriendo así
El intransitado sendero
Que lleva hasta mi corazón.
Reduce a bocados
Ese gélido abismo que nos separa
Y vierte de nuevo en mi oído
El dulce y caliente almíbar
Que ha de disolver mi armadura,
Refugiando mi alma
En la catedral de tus brazos,
Donde podré al fin gritar tu nombre.
Respírame.
Intersecciona conmigo.
Déjame saborear
El panal de miel de tu boca,
Aliento vital,
Combustible cardíaco,
Y ahoyáme a besos el pecho,
Abriendo así
El intransitado sendero
Que lleva hasta mi corazón.
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Imagen creada con IA © |
hermoso, dan ganas de regresar, de volver al lugar amado...
ResponderEliminarIntensos versos, precioso estado del alma cuando uno se siente enamorado.
ResponderEliminarun abrazo!
Bueno, confieso que este poema aún no tiene nombre, aunque sí tenga destinatario. Él estuvo conmigo en aquel Big Bang... Aquello si que fueron fuegos artificiales... Desde entonces lo ando buscando, pidiéndole que regrese. Un día de estos vendré a cantaros como nos reencontramos.
ResponderEliminarSutil visceralidad en un poema, como siempre, precioso.
ResponderEliminarUn abrazo,dos,tres, de tiempo...que siempre celebra tu regreso,el tuyo, a este mundo de palabras.
Sutil y vesceral... Sí, me gustan las paradojas.
ResponderEliminarPor cierto, ya hace tiempo que no paso a leeros, a ti y a los demás... Habrá que poner remedio cuanto antes... Iré a veros pronto.
Besos y abrazos para ti también, Ana querida.
que voz tan hermosa,gracias
ResponderEliminarGracias!
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