Cuelgo el día en el perchero
y, con el corazón descalzo,
desabrocho mi armadura.
El alma se despereza,
atizada por el aroma del sándalo,
y se sacude la nieve de la rutina.
Inspiro el verbo llegar
en toda la vasta extensión
de sus seis letras
Y el pequeño Ulises que me mora
cascabelea en mi pecho
haciéndome esbozar una sonrisa.
y, con el corazón descalzo,
desabrocho mi armadura.
El alma se despereza,
atizada por el aroma del sándalo,
y se sacude la nieve de la rutina.
Inspiro el verbo llegar
en toda la vasta extensión
de sus seis letras
Y el pequeño Ulises que me mora
cascabelea en mi pecho
haciéndome esbozar una sonrisa.
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Imagen creada con IA © |
que cosa más bonita, que juegos de palabras e imagenes...me gustó, me iluminó!
ResponderEliminarBss
Gracias, preciosa. Cuánto me alegra que veas en estos versos esa luz. Ya sabes que te aprecio mucho. Un abrazo fuerte.
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