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Y los sueños, sueños son

Este jueves los jueveros homenajeamos al compañero Sani Girona. A propuesta de The Daily Planet's Bloggers, anfitrión de esta convocatoria, hemos de comenzar el relato a partir de un texto del propio Sani...  Como recién llegada al grupo, he de confesar que nunca había leído su trabajo que, aunque recién descubierto, me parece hermoso, hondo y fresco... Podéis seguir el homenaje minuto a minuto conectando con Lois y ClarkPara la ocasión, he seleccionado el texto número 6, dedicado a los 'Sueños'


"¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción; / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son." De 'La Vida es Sueño' de Calderón de la Barca, Segunda Jornada, Escena XIX, Monólogo de Segismundo.


Sabemos poco de todo, pero de sueños, sabemos mucho menos aún, aunque a veces nos empeñemos en soñar que lo sabemos todo sobre ellos. De todos modos, si de sueños nos toca hablar, aunque poco nuevo digamos, algo diremos... 

No en vano, ¿quién no ha sucumbido alguna vez a su propio sueño y ha vuelto de él lleno de enojo o de temor? Yo, sin ir más lejos, a menudo me despierto cansado, con las piernas temblorosas, como si hubiese estado corriendo la noche entera.

Al principio mis carreras fueron muchas y desesperadas, temeroso de ser el único de mi especie en aquellos parajes. Por eso, la noche en que mis aullidos recibieron respuesta desde el otro lado del valle, celebré con entusiasmo la compañía. En aquellos días yo era poco más que un lobezno y todo en la vida era fácil y natural; de hecho, todo continuó siéndolo, durante algún tiempo al menos. Recuerdo cómo ansiaba la llegada de la noche y la preñez de la luna, a cuyo amparo recorría arriba y abajo los bosques circundantes aullando, follando y devorando corzos y ovejas extraviadas  en un ejercicio desmesurado y liberador.

Al cabo de algún tiempo, dicen algunos que años, un loco aterrizó en aquel universo paralelo con su disfraz de lobo y su equipaje terrícola, viciando su sencillez.

Ningún hombre debería tener la fuerza ni la fiereza de un lobo, como ningún lobo debería ver infectado su corazón por la ponzoña de la que es capaz el ser humano.

Ahora mis montañas no son mis montañas ni mi bosque, tenebroso y retorcido, parece ya mi bosque, pues cada plenilunio la muerte cabalga en el corazón de sus lobos, que la recetan de forma arbitraria y despiadada, obedeciendo las reglas dictadas por la ambición y el capricho y desoyendo la súplica de los árboles, del viento, de la tierra, del agua...

Al fin, cuando el ruido del mundo estalla en mi mesilla de noche cruzando el cielo como un rayo, siento unos minutos de alivio, mientras mi alma se desviste de su forma canina y mi cabeza logra asimilar las voces procedentes del transistor que hace las veces de despertador. El locutor me tirotea la cabeza con los titulares del día, uno tras otro, sin apenas respirar ni conmoverse, llenando la habitación de citas y números. Y es entonces cuando me doy cuenta de que la realidad, por mundana que sea, no tiene mucho que envidiar a los sueños.

Imagen creada con IA ©

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