«Su abrazo había sido una batalla, el clímax una victoria. Era un golpe contra el Partido. Era un acto político»
Este jueves, Jime nos propone invitar a nuestro encuentro juevero a un personaje literario que nos haya impactado...
Yo me he decantado por Winston Smith, el protagonista de '1984' de George Orwell.
Como ya saben o deberían saber, este libro prohibido en los sistemas dictatoriales nos transporta a una sociedad totalitaria en la que la población es vigilada las 24 horas del día, manipulada y dominada por el miedo y el amor al Gran Hermano y en la que se le prohíbe instintos tan humanos como pensar, recordar o amar. En ella, los escasos elementos contestatarios son reeducados en el Ministerio del Amor, en cuyas entrañas se esconde la Celda 101, capaz de obrar milagros.
Winston Smith, sorprendido en un romance con una compañera del Partido, es apresado y conducido al Ministerio y reconducido al camino correcto por su mentor, el implacable O'Brien. No voy a sacar al señor Smith del libro; no me atrevería a tal desfachatez. Sólo voy a detenerme un poco en el momento en el que a Winston sólo le resta una dolencia por sanar: su amor por Julia. Dicha dolencia queda en evidencia la noche en la que su propia voz lo despierta en medio de un grito desesperado en el que clama su nombre.
Más invitados en casa de Jime...
Winston inspiró y el aroma de la hierba le llenó la cabeza junto con el olor acre de la madera y el musgo del árbol caído, sobre cuyo tronco había recostado la espalda. Sobre uno de sus costados, Julia dormitaba al tiempo que él jugueteaba con su larga cabellera y se regodeaba en la calma del aquel lugar casi salvaje, lejano al desvencijado y sucio Londres plagado de cámaras, espías, propaganda y partes de guerra. De repente, Winston se sentía capaz de estrangular al gran dictador con sus propias manos con el único propósito de poder seguir contemplando la despreocupación de Julia, sesteando sobre su pecho con gesto tranquilo.
-¡Julia! ¡Julia! ¡Julia! -clamó- ¡Amor mío! Julia.
Winston volvió en sí. Su voz había retumbado en la celda como un trueno, esparciéndose por los pasillos de la instalación. Winston, maltratado y humillado de todas las formas posibles, sintió por vez primera un miedo atroz de su propio y contestatario corazón. Supo entonces, no sin vergüerza, que se había adentrado en ese terreno que había prometido nunca pisar, aquel en que su miedo había empezado a ser mayor incluso que su amor por Julia.
Yo me he decantado por Winston Smith, el protagonista de '1984' de George Orwell.
Como ya saben o deberían saber, este libro prohibido en los sistemas dictatoriales nos transporta a una sociedad totalitaria en la que la población es vigilada las 24 horas del día, manipulada y dominada por el miedo y el amor al Gran Hermano y en la que se le prohíbe instintos tan humanos como pensar, recordar o amar. En ella, los escasos elementos contestatarios son reeducados en el Ministerio del Amor, en cuyas entrañas se esconde la Celda 101, capaz de obrar milagros.
Winston Smith, sorprendido en un romance con una compañera del Partido, es apresado y conducido al Ministerio y reconducido al camino correcto por su mentor, el implacable O'Brien. No voy a sacar al señor Smith del libro; no me atrevería a tal desfachatez. Sólo voy a detenerme un poco en el momento en el que a Winston sólo le resta una dolencia por sanar: su amor por Julia. Dicha dolencia queda en evidencia la noche en la que su propia voz lo despierta en medio de un grito desesperado en el que clama su nombre.
Más invitados en casa de Jime...
Winston inspiró y el aroma de la hierba le llenó la cabeza junto con el olor acre de la madera y el musgo del árbol caído, sobre cuyo tronco había recostado la espalda. Sobre uno de sus costados, Julia dormitaba al tiempo que él jugueteaba con su larga cabellera y se regodeaba en la calma del aquel lugar casi salvaje, lejano al desvencijado y sucio Londres plagado de cámaras, espías, propaganda y partes de guerra. De repente, Winston se sentía capaz de estrangular al gran dictador con sus propias manos con el único propósito de poder seguir contemplando la despreocupación de Julia, sesteando sobre su pecho con gesto tranquilo.
-¡Julia! ¡Julia! ¡Julia! -clamó- ¡Amor mío! Julia.
Winston volvió en sí. Su voz había retumbado en la celda como un trueno, esparciéndose por los pasillos de la instalación. Winston, maltratado y humillado de todas las formas posibles, sintió por vez primera un miedo atroz de su propio y contestatario corazón. Supo entonces, no sin vergüerza, que se había adentrado en ese terreno que había prometido nunca pisar, aquel en que su miedo había empezado a ser mayor incluso que su amor por Julia.
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Imagen creada con IA © |
No lei el libro, lo confieso, aunque sí sé de su poderosa advertencia ante un mundo dictatorial que avanza sobre el individuo y su libertad. Con tu aporte, logro percibir ese espíritu de reivindicada rebeldía que nunca jamás debemos dejar que nos sea pisoteada.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, Auxi!
En este instante del libro, Winston conserva en su alma algo de esa rebeldía, eso es muy cierto, querida amiga.
EliminarPobres Winston y Julia... ¡que culpa tienen de que haya un dictador y no dejar libre a ese amor! ¿porqué la culpa? .. Buenísimo Auxi...
ResponderEliminarEl Partido prohíbe a sus miembros amar. El amor es sólo permitido a las clases más bajas que, adormecidas en la rutina, no representan un peligro...
Eliminar«Nada hay que temer de los proletarios -puedes leer en un fragmento del libro-. Dejados aparte, continuarán, de generación en generación y de siglo en siglo, trabajando, procreando y muriendo, no sólo sin sentir impulsos de rebelarse, sino sin la facultad de comprender que el mundo podría ser diferente de lo que es».
No lo he leido; pero se de que va, un mundo completamente controlado por el gran hemano, ¡Terrible! Una dictadura horrorosa que te cuarta tu libertad por completo.
ResponderEliminarBuena inspiración.
Un abrazo
¡Gracias, Carmen! Es un relato terrible que nos golpea, nos hace pensar hacía donde puede desembocar la desidia de la población.
EliminarResuenan los gritos de Winston, más que los que escapan de su garganta, los que nacen de su necesidad de liberarse. Conmueve la situación del personaje. Seguro que el amor cuando padece de trabas busca las salidas que sean para realizarse, aún corriendo los riesgos más impensados.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu participación! Un beso!
Gracias, guapa. Creo que la convocatoria promete. Pronto me pasaré por tu casa para comprobarlo. ;)
EliminarAaaah, pues es uno de mis textos favoritos! Bravo por tu elección, compañera. Y buen relato y mejor imagen elegida. Gracias. Besito y café.
ResponderEliminarGracias, Censu. Desde que leí este libro, se ha convertido en uno de mis favoritos. En él, forma y contenido se dan la mano para dar vida a una de las grandes obras de la Literatura.
EliminarCasualmente Auxi, el libro que me vino este mes de la editorial a la que estoy subscripta es "1984". Así que al ver el personaje que nos traes de invitado, lo sentí muy próximo, porque es el que me acompaña en las noches de lectura, ya que aún no lo había leído. Ciertamente, esa vida de continua opresión, es difícil de ser llevada, y tarde o temprano, algo de su entramado interno, debía reaccionar de modo imprevisto e insospechado... Siempre con tu estilo tan especial de contar, hace que sea un gusto leerte.
ResponderEliminarBesos!
Gaby*
¡Gracias, Gaby! ¡Supongo que se lo debo a mi construcción autodidacta! ;)
Eliminar¡Por cierto, vaya casualidad! En consideración a los visitantes que no han leído '1984', he intentado no desvelar el final del libro, pero atrapando el espíritu de rebeldía que duerme en su protagonista, finalmente dispuesto a romper las normas por uno de los motivos más grandes que existe: el amor...
¡Bravo, Auxi!, no lo podrías haber resuelto mejor, ya que es un libro que tengo pendiente... de ni se sabe cuando.
ResponderEliminar¡Ja! ¡Gracias, guapa!
EliminarPor amor nos volvemos valientes, osados, arriesgamos lo que somos y tenemos, porque sus alas nos elevan tan alto que el resto deja de tener importancia. Cuando intentas controlar demasiado, y haces sentir a los que crees que están por debajo de ti, que hasta sus pensamientos y sentires te pertenecen...acabaras creando tu propia tumba.
ResponderEliminarBesos amiga.
¡Afortunadamente, siempre hay valientes y locos capaces de cualquier cosa! ¡Así es el amor!
EliminarCreo que el terror de Winston Smith es haber atraído la atracción sobre Julia. Nada bueno en esas circunstancias.
ResponderEliminarQuise poner "haber atraído la atención sobre Julia".
EliminarCuando está totalmente adiestrado, reducido, aborregado, adoctrinado, el único reducto que le queda, el único revulsivo que aún no han conseguido desterrar es el amor.
ResponderEliminarTerrible una sociedad de pensamiento único.
Un fuerte abrazo.
Un relato se supera al otro. Es un placer leerte siempre.
ResponderEliminarUn libro que siempre es bueno releer, como tantos, porque la óptica varía y nos enriquecemos con una nueva visión. Ahora le sumo otro atractivo, tu relato.
besos jueverísimos!
Un gran libro y un gran relato el tuyo!
ResponderEliminarUn beso!
Es un relato conmovedor, que genera impotencia al que lo lee, a veces el silencio encierra alaridos que escapan cuando menos lo esperamos.
ResponderEliminarUn beso.
Has elegido una novela que me fascina y puedes sentirte orgullosa de lo que me ha parecido, ya que he visto tu relato integrado en el texto escrito por Orwell.
ResponderEliminarBesos.
Leí la novela y vi la peli de Michael Radford con John Hurt como Winston Smith. Creo, Auxi, que en tu relato le das el tono espeluznate de la obra, las escenas en las que aparece la natura, eso imposible, resultan también parte de las visones, lo tremendo es la conclusión; 1984 ofrece una parábola posible del horror metódico hasta la anulación total del díscolo ¿sucede algo parecido? Aciertas, el miedo es el arma más eficaz para anularnos, genial amiga mía, un besito.
ResponderEliminarHas bajado a los protagonistas a la tierra, donde los sentimientos se pueden materializar y las emociones son un valor intrínseco. El texto de todas formas inquieta y preocupa.
ResponderEliminarBesos
Pues ni he visto la película ni he leído el libro aunque si tengo ganas de hacerlo desde hace mucho tiempo, y ahora más desde que he leído tu relato.
ResponderEliminar¡Tóma ya! Aunque la realidad subliminal no anda demasiado descaminada. Besos.
ResponderEliminarProhibir, anular, coartar es la única forma que tiene cierto tipo de gobernantes de controlar, sobre todo cuando falta la razón y la inteligencia en sus acciones. Muy buen texto. Un besote
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