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Ultimátum existencial

[] Permitiré,
en homenaje a nuestra vieja amistad,
prorrogar nuestra relación
durante el próximo trecho,
mientras que acabo de zanjar
esos asuntos pendientes
que aún compartimos.
En tanto,
no te reprocharé,
pues no tengo derecho,
tu trato,
ya que junto a ti
no he sufrido hambre,
ni enfermedad,
ni opresión,
ni drama.
En realidad,
tú único mal ha sido
negarme,
llenando de obstáculos el sendero
de este palpitante corazón,
como si te avergonzaras
del único premio
que en esta vida
me brindaste.
El simulacro toca a su fin.
Ya no quedan suficientes reservas de estoicismo
para soportar venideros fracasos
ni bastantes esperanzas
para iluminar otro lúgubre episodio.
Así que, si osas herirme una vez más,
esa será la última,
pues no dudaré un instante
en desprenderme al fin
de toda esta carcasa
que me prestaste
para caminar a tu través.
Dimitir.
Devolver al limo la osamenta.
Legar un palabra.
Y partir sin equipaje
-pura y sabia, etérea-
para cabalgar los haces de luz
y surcar los vientos,
para bailar en las bienolientes corolas de las rosas,
en las risas,
en las canciones,
en las gotas de lluvia del mes de abril,
en la taquicárdica pasión de un corazón emocionado,
en el áureo rielar del sol sobre las olas,
en el sanador calor de las hogueras,
en el acuático latido de los pianos,
en el cadencioso cimbreo de los trigales,
en las esponjosas nubes,
en las cerezas maduras,
en los azahares y los naranjos,
en las almohadas mullidas,
en el aterciopelado tacto del alma,
en las voces,
en los pasos,
en las manos,
-eterna, libre, sosegada-
en las simas,
en las torres,
-suspendida, confundida, disuelta-
en el aire,
en la tierra,
en el fuego,
en el agua.

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