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Chicles a peseta

A propuesta de Casy, esta semana los jueveros nos metemos en la cocina. El banquete tendrá lugar en el balcón de Casss.
Ingredientes. Memoria, paladar, un par de ojos cerrados.
Elaboración. Con los ojos cerrados, poner en marcha la máquina del tiempo. Aguardar hasta que sintamos en la boca el sabor del regaliz rojo. Descender del vehículo y caminar hasta la cocina. Para un correcto emplatado, será necesario hablar con la boca llena.



 Paladeo mi infancia
y del pasado me llega
el sabor salado
de los días de playa,
cálidos, azules, yodados, libres,
salteados de burgaillos y cangrejos.

Saboreo el polvoriento aroma de las higueras
y el dulzor meloso de los higos,
el ruido de los juegos
y de las travesuras compartidas,
el planear de las moscas y de las abejas,
el tintineo de las cucharillas de café
en las tazas de loza,
al ser posible, cada una de un color.

Degusto mi niñez
de chicles a peseta y gusanitos de maíz
y en mis oídos palpita
el crujido del fuego lento.
En la cocina huele a perillos en almíbar,
a avellanas tostás y piñonate,
a flan, a natillas, a canela,
a ralladura de limón, moscatel y zanahorias,
a torrijas, a pestiños,
a caracoles, a puchero,
a tomate, ajo, pimiento y pan duro,
a mar y a arena,
a tierra y huerto.

Imagen creada con IA ©

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