Este jueves, Judith nos invita a una fiesta por todo lo alto. Los invitados deben acudir acompañado de un ídolo sea cual fuere su categoría.
Un silencio sepulcral lo despertó en mitad de la fría noche y se alarmó ante su propia soledad. Sobre la tierra no quedaban ya ni las huellas de aquellos que a hombros hasta allí lo habían llevado, entre vítores y palmas. Se incorporó y se sorprendió al verse desnudo en mitad del páramo, desprovisto de entorchados y púrpuras. ¿Acaso todo había sido un sueño? ¿Acaso estaba soñando aún? Entonces, al llevarse las manos a la cabeza, un ramillete de marchitas hojas de laurel cayeron al suelo, trayéndolo de regreso al mundo real.
Un silencio sepulcral lo despertó en mitad de la fría noche y se alarmó ante su propia soledad. Sobre la tierra no quedaban ya ni las huellas de aquellos que a hombros hasta allí lo habían llevado, entre vítores y palmas. Se incorporó y se sorprendió al verse desnudo en mitad del páramo, desprovisto de entorchados y púrpuras. ¿Acaso todo había sido un sueño? ¿Acaso estaba soñando aún? Entonces, al llevarse las manos a la cabeza, un ramillete de marchitas hojas de laurel cayeron al suelo, trayéndolo de regreso al mundo real.
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Imagen creada con IA © |
Puramente fantástico, volado y flotante tu ídolo personal Auxi.......afectuosos saludos.....¡gran imaginación!
ResponderEliminarGracias, Lao. Quiero que sepas que que alguien con una imaginación tan desbordante como la tuya resalte la cualidad imaginativa de mi pequeño relato es muy gratificante. Un abrazo.
EliminarHola!
ResponderEliminarQue bonito relato, en pocas palabras nos has contado una historia intensa, solo el recuerdo del ayer le quedara ahora.
Gracias por participar!
Besos
La idolatría deja muchos ídolos rotos en el camino. Confieso que al principio me quedé fuera de juego con tu propuesta. Será porque los antihéroes me llaman más la antención y espolean mucho más mi imaginación. Pero cuando divisé a ese ídolo, al ídolo caído, en un plano más metafórico, fue una iluminación. Así que muchas gracias por la arriesgada invitación, Judith. Besos.
EliminarEs precioso, Auxi. Lleno de palabras creativas y bien expresadas que hacen volar la imaginación del lector. Saludos
ResponderEliminarMuchas gracias, Rhodea. Un abrazo.
EliminarEstoy de acuerdo con los compañeros en que te ha quedado un relato fantástico. Un beso.
ResponderEliminarGracias, Cristina. Un beso también para ti.
EliminarAdemás de interesante, tyu relato s ciñe a las cien palabras que proponía Judith
ResponderEliminarGracias, Tracy. Je. Sí, me estoy esforzando por hacer relatos más cortos, adoptando más el formato de microrrelato que el de relato. Cuando no me pogo este límite, me extiendo excesiva e incluso cruelmente ;)
EliminarLa vida simplemente un sueño es...
ResponderEliminary los sueños, sueños son... ;)
EliminarMe ha gustado mucho .... y lo "del mundo real" .. da tanto de sí. Besos.
ResponderEliminarGracias, guapa. En verdad, ese 'mundo real' que pone punto final al relato le otorga una dosis más de ambigüedad... Besos
EliminarLa vida efímera de un ídolo, al final, no queda nada, solo flores marchitas.
ResponderEliminarUn abrazo
Así es. Muchos ídolo caídos no saben levantarse y seguir adelante. Se quedan atrás entre las flores marchitas de las que hablas. Un abrazo grande.
EliminarSuele suceder con los ídolos: Tú lo has narrado de una forma magnífica en tu relato. Idolo de barro, cree que la gloria y la fama durarán siempre y un buen día se ve sólo, despojado de todo, sumergido en la nada y sólamente una marchita corona de laurel queda como testigo mudo de lo que fué un día.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu relato, Auxi.
Un abrazo.
Muchas gracias, Pepe. Un abrazo. O mejor, un beso.
EliminarCuán efímera suelen ser algunas cosas... La fama, la idolatría, la admiración en su clímax... pero si algo de todo cuanto sostiene eso, tambalea, va a ser difícil volver a poner los pies en el suelo. De última, solo nos quedará el recuerdo de la gloria como esa corona de laureles marchita. Exquisitamente expresado!
ResponderEliminarBesos:
Gaby*
Gracias, cielo. Besos también para ti.
EliminarAlgunas veces los ídolos me temo que preferirían no despertarse.
ResponderEliminarMe gusto tu relato .
Besos amiga.
Por eso creo que lo despertarse en su canso depende del tamaño de la costalada. Muchas gracias, Lucía. Besos grandes.
EliminarLa terrible desnudez, la soledad del ídolo despertado, la realidad que le sorprende para dajarlo común humano, duró poco la frescura de esa corona de laurel.
ResponderEliminarCon unas palabras breves y casi épicas, desmitificas y me fascinas !qué bien has desmontado al ídolo! casi me da lástima.
Energía en esas pinceladas que expresan lo efimero con una atmósfera mágica, dorada.
Besitos contentos.
Muchas gracias, Natalia. Que sepas que tu comentario me ha erizado el vello y me ha alegrado el corazón. Besos grandes. :_)
EliminarYa ves tú, le cayó la corona y las rics vestiduras y se convirtió en un simple y llano mortal. Hay algunos que se visten de seda y se lo creen... pero esos nunca se dan cuenta de lo que son... o no quieren???
ResponderEliminarUn beso y tu cafelito.
Oé, oéeeeeeee, oé, oéeeeeeee... por fin sin el google+ te puedo comentar normal!!!
Esa pregunta creo que necesitaría un extenso debate y quizá no hallemos la respuesta.
EliminarMe alegro que al fin puedas comentar por estos lares. Desconocía yo que G+ censurase los comentarios de ususarios ajenos a su plataforma. Al final, el blog ha viajado atrás y ha recuperado las plantillas clásicas y la vieja caja de comentarios. Se ve que los cambios implementados por Google y Blogger no han sido muy provechosos. Ellos verán.
Mi bienvenida, sellada con un beso!
La gloria dura lo que dura el sonido de los clamores, nada...
ResponderEliminarMuy buen texto Axi, como siempre.
Un abrazo.
Gracias, guapa! Un abrazo!
EliminarY es que a veces la gloria no es más que un suspiro...
ResponderEliminarMuy buena la manera con la que lo pusiste en palabras!
Un beso!
Gracias, Jime! Un beso también!
EliminarOtro ídolo que cae y se desmorona ante los ojos de la realidad. Nada es para siempre.
ResponderEliminarCien palabras intensas.
Besos!!
Ante los ojos de la realidad... muy gráfico.
EliminarMuchas gracias! Besos también para ti!
No es cuestión de darse por vencido. Es cuestión de agarrar la pluma y a ponerse a versificar, a escribir, a historiar. O lo que se haya hecho para merecer la corona de laurel.
ResponderEliminarCierto es. Es una sabia reflexión. La verdad es que hay ídolos de todas las pastas. Los de barro, vuelven al barro. Perduran aquellos que caen del pedestal y se recomponen para seguir peleando.
EliminarJolín! Qué bien has contado la historia de lo efímero de la fama en tan pocas palabras, me ha encantado!
ResponderEliminarUn beso
Gracias, guapa! Un beso!
EliminarContundente y claro como el agua clara... cada uno que saque sus propias conclusiones. Pero haberlos..."haylos"
ResponderEliminarBesos
Gracias, Alfredo. La verdad es que un texto tan condensado da para muchas lecturas. Por eso me gustan tanto los microrrelatos. Besos.
EliminarMe gusta por la brevedad y la profundidad.
ResponderEliminarUn beso.
Gracias, Fabián. Brevedad y profundidad. Profundidad. Me gusta. Un beso también para ti.
EliminarLa gloria es tan efímera.... que no se si sufre más el que idolatra o el idolatrado, porque somo inestables como la marea....
ResponderEliminarTu relato es de un preciosismo exquisito. Sabes que contas con mi admiración. besos
Uff! Gracias, Cas! Has conseguido ponerme el vellito de punta! :_)
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