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Con los sentidos abotargados

Con los sentidos abotargados Cabalgo sobre los haces de luz Que engendra La maldita estrella que me ampara, Presa de sus leyes físicas. Miro a mi alrededor Y todo me parecen espejismos Que se estrellan contra mí, Deteriorándome aún más El ya de por sí dañado fuselaje del alma. Imagen creada con IA ©

Nada me queda ya

Nada me queda ya Más que esta dañina inercia. Vedme aquí, Convertida en un amasijo De actos reflejos. Imagen creada con IA ©

Ningún golpe

[ ♬ ] Ningún golpe me duele ya, ni me daña, ni me estremece, ni me conmueve. Nada queda ya en este mundo más que este combate, pues toda mi inquietud reside en decidir dónde asestaré mi siguiente golpe y hacia dónde dirigiré mi maltrecho escudo. Como un autómata me reincorporo y regreso a la batalla mientras mi corazón palpita sin acelerar su pulso, sumido en un estado catatónico. Ningún golpe me atemoriza ya, ni me domina, ni me arrincona, ni me acorrala. Herida sobre herida recibí, estigma sobre estigma, dolor sobre dolor, trauma sobre trauma, caída sobre caída. Veterano es mi espíritu, impasible es mi gesto, cadenciosa es mi respiración, atezada es mi osamenta, dura es mi piel bajo la coraza. Ningún golpe me conmociona ya, ni me sorprende, ni me alarma, ni me anula. Espada sobre el yunque soy, carbón roído por las llamas, hierro bajo el tonante martillo, candente y maleable acero, aliento de vulcanos y de cíclopes. Golpe a golpe me fra...

Jardín, metropolitana imitación

[ ♬ ] Ahora mismo estoy aquí y nadie lo sabe, a lo sumo aquel vejete que está sentado al otro lado de la explanada (si es que me ha visto) y el operario que acaba de pasar empujando un carrillo de mano lleno de mangueras amarillas. Ahora escribo esto y nadie lo lee; redacto esto en mi libreta de bolsillo y a pluma, a la antigua usanza. Por cierto que nadie sabe tampoco cuánto me cuesta hacer que la condenada estilográfica funcione como Dios manda cada vez que la retomo. Sin embargo, al fin mis palabras circulan a mayor velocidad, pues la tinta ( azul ) ya ha empapado la plumilla y empieza a fluir sedosamente. A mis pies, un palomo con complejo de perro espera su ración de migas de pan; pero pronto se da por vencido; hace bien, pues no venía preparada para tales lances. A una mediana lejanía veo parpadear, en los rincones soleados, el inquieto negror de las moscas, igual que luces negras. Sobre mi hombro izquierdo atisbo el cortejo de las ruidosas palomas; hay un duelo detrás del ...

En la rueda de la fortuna

Tú, que festejas la benevolencia de un dios que te colmó de bienaventuranza y puso a tus pies un camino llano y despejado. La vida te vistió de púrpuras, te ungió con oro, y te mostró el sendero hasta la piedra filosofal y la pócima de la eterna juventud. Casi divino. Casi perfecto. Habitante de las más inaccesibles cimas. Sorbiste la ambrosía en las fuentes del Olimpo mientras que oteaste de soslayo el sórdido y mugriento engranaje que hace girar el mundo de los ricos. Allí adquiriste esa gran rueda que alargas día a día a golpe de billetero con la esperanza de impedir que ésta gire del todo. No te das cuenta de que, como un ratón enjaulado, toda tu felicidad se limita a dar vueltas dentro de ella. Imagen creada con IA ©

Poeta Laoconte

Hay poemas que cobran vida, líneas que se arrastran como serpientes azuzadas por un dios incorregible y cruento que no se compadece, que no mide, que guarda en su rediles submarinos a cien Caribeas y Porces que dormitan en las llanuras abisales del alma esperando el correspondiente festín. Laoconte, sacerdote de Apolo, desconfía de los griegos y recomienda a los troyanos no albergar el caballo de madera en la ciudad, pues teme alguna treta. Entonces Neptuno, uno de los dioses que más ha castigado a Troya, envía dos serpientes (llamadas Caribea y Porce) que atacan a los dos hijos de Laoconte, quien acude para auxiliarlos, aunque todo en vano, pues los tres fallecen ahogados por los reptiles. Los troyanos interpretarían lo acontecido como una señal divina de que Laoconte estaba equivocado y decidirían aceptar el "regalo" de los griegos.  Imagen creada con IA © Publicado en el blog de la Revista Amalgama .

5 minutos

[ ♬ ] Cinco minutos, eso es todo, sólo cinco minutos. Demasiado tarde Para todos los libros que nunca leíste, Para todos los poemas que no escribiste, Para todas las canciones que ya olvidaste. Demasiado tarde Para todos los amores que rechazaste, Para todos los tangos que no bailaste, Para todo los amantes que no tuviste. Demasiado tarde Para todos los ocasos que te perdiste, Para todos los cielos que no recorriste, Para todos los mares que no navegaste. Tarde, tarde, tarde. Demasiado tarde Para todas las deudas que no abonaste, Para todas las disculpas que no aceptaste, Para todas las cosas que no dijiste. Demasiado tarde Para todos los narvales que extinguiste, Para toda el agua que no bebiste, Para todas las secuoyas que arrasaste. Demasiado tarde Para todas las intenciones que ignoraste, Para todas las almas que no salvaste, Para todas las guerras que no impediste. Cinco minutos, eso es todo, Sólo cinco minutos. Imagen creada con IA ©