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Entradas

Yo te invoco

Para variar, Yo, Que he seguido tus pasos hasta el horizonte, Te invocó Para que poses un beso En mi mejilla. Imagen creada con IA ©

En casa

Cuelgo el día en el perchero y, con el corazón descalzo, desabrocho mi armadura. El alma se despereza, atizada por el aroma del sándalo, y se sacude la nieve de la rutina. Inspiro el verbo llegar en toda la vasta extensión de sus seis letras Y el pequeño Ulises que me mora cascabelea en mi pecho haciéndome esbozar una sonrisa. Imagen creada con IA ©

Mártir

No conforme con desceñirla, llegó incluso a lastimarla. Por eso aún se pregunta por qué no huyó a tiempo del tugurio en que se había convertido su alma. Palabras: desceñir, huir, tugurio. Imagen creada con IA ©

En el agua jabonosa...

En el agua jabonosa enjuago mi chamuscado corazón antes de que llegue el momento de que lo canonicen después de haberte querido. Palabras: jabonoso, chamuscar, canonizar. Imagen creada con IA ©

Vueltas

Es curioso la de vueltas que puede dar la vida, mientras que nosotros damos una única vuelta alrededor del sol... Imagen creada con IA ©

En la quietud de la noche

Convocatoria 'En la Quietud de la Noche' Este es un relato juevero.  Puedes leer otras (in)quietudes nocturnas en el  blog anfitrión, que esta semana es el de Neogémenis . [ ♬ ] Cristina se sobresaltó. De nuevo aquel ruido en la quietud nocturna cercenaba la débil crisálida en la que Morfeo pretendía envolverla al filo de cada madrugada. Aguzó el oído. La habitación de su madre parecía tranquila; ningún sonido ni ninguna luz provenían ahora del otro lado del pasillo. - ¡Mamá! -gritó- ¡Mamá! ¿Estás bien? Silencio. No le era extraño despertar en medio de la noche creyendo que su madre golpeaba con el bastón el delgado tabique que las separaba, exigiendo su ayuda, para descubrirla en la cama un minuto más tarde, durmiendo a pierna suelta. Los sonidos nocturnos solían traicionarla. No en vano, a aquellas horas intempestivas, los ruidos de los gatos o del camión de la basura se asemejaban extrañamente a los bastonazos en la pared. Cristina alargó el brazo hasta el...

Un camino de rosas...

No es que la vida sea un camino de rosas, sino que es más bien un inmenso rosal que crece bajo nuestros pies descalzos. En él hay tramos en los que las rosas son tan prolíficas que forman una mullida alfombra sobre la que incluso podríamos recostarnos sin miedo a sufrir heridas. Pero también hay tramos en los que, no importa la causa, las espinas se han desarrollado tanto y son tan afiladas y numerosas que jamás podríamos tomar de ella una flor sin lastimarnos en el intento. Imagen creada con IA ©  Escrito el 18 de marzo de 1999