Ir al contenido principal

Entradas

¿Adónde?

¿Adónde vamos? ¿Cuántos de nuestros propios cromosomas tendremos que manipular antes de detener este mecanismo? ¿Cuántos abismos tendremos que tender? ¿Cuántos alambradas tendremos que erguir? ¿Cuantas banderas tendremos que izar? ¿Cuántas hambrunas tendremos que engordar antes del definitivo armagedón? Bajo nuestros pies crujen los cimientos de la Atlántida. Su crepitación, tímida aún, es imperceptible para el hombre, absorto en la la órbita metálica que describen sus satélites artificiales. Imagen creada con IA © Sustituye la imagen original: "Atlántida" de Mauro Andriole , en la web casadacultura.org

Réquiem forense por un día asesinado

[ ♬ ] Enlutada en su chaquet negro, la noche toma medidas al día. Según el rigor mortis que éste presenta, lleva muerto ya 24 horas. Y atendiendo a sus rasgos, podría tratarse de cualquiera; hay tantas denuncias de desapariciones registradas en la base de datos de días perdidos; en este último año, sin ir más lejos, contamos ya más de trescientos casos que se ajustan al mismo perfil. No cabe duda ya: terciamos con un asesino en serie hábil, sutil, sordo, soterrado. Ceñuda, la rutina aguarda sentada sobre la frialdad plástica de un sillón de tanatorio. Los lentos velatorios la impacientan; mira el reloj; se cambia la guadaña de mano; muda de postura; observa de reojo; mide; suspira; recuenta. "Pronto todo habrá terminado" celebro. Me ajusto el brazalete y enfilo el fúnebre camino, descolorido por la alevosa nocturnidad, tarareando un blues, con la mohosa pala de nuevo sobre el hombro. Imagen creada con IA ©

Recibiendo a Morfeo

Fuera, la noche ventea, aunque con más timidez que la prevista esta tarde por el hombre del tiempo. No tengo sueño; de hecho, ahora mismo atesoro ánimos suficientes como para preparar una celada. No en vano, en mitad de la noche, las andanzas de las musas resultan tan audibles que la posibilidad de darles caza es una tentadora provocación. Miro de soslayo el crujiente despertador sobre la mesilla. Sólo falta un minuto para las tres de la madrugada. "Debería descansar más" me reprendo. A lo lejos, confusos entre el crepitar de los relojes, resuenan los pasos de un invitado. ¡Vaya! ¡Acabo de recordar que tengo a Morfeo esperándome aún en el salón, consumiendo una generosa infusión de tila alpina! Imagen creada con IA ©

Con una ceja arqueada

Dibujo las miradas, ensayo las sonrisas y sobre las cornisas de una ceja arqueada ronronean remisas las musas doradas. Imagen creada con IA ©

Salvadora poesía

La poesía siempre me salva. Cuando al final del día no hallo una justificación, entonces lo retomo; cojo sus 24 horas y las amaso hasta modelar un poema; y esa es mi justificación más sanadora. Para mi la prosa, tan inabarcable, tan indomable, es como un mar encabritado que siempre tira de mi, que me arrastra y me hunde en este intento casi inútil de practicarla... Y la poesía, por el contrario, es la tabla de salvación, el balón de oxígeno que me ayuda a respirar bajo las olas... P.D. ¿Por qué siempre acabaré redundando en estas metáforas marítimas cuando hablo de mi escritura? Imagen creada con IA ©

He escrito un millón de veces

He escrito un millón de veces en mi cuaderno "de ahora en adelante aprovecharé el momento", pero sigo sin aprenderme la lección. Mino los días de búsquedas. Los lleno de túneles buscando, cavando; pero los tesoros que encuentro son tan pequeños... Ya sé que no siempre halla más el que más busca. -en verdad, a veces encontrar es más cuestión de suerte- O puede que esté ahondando en el filón equivocado. Me asusta que la oscuridad de las grutas me haga perder la perspectiva. -convertirme en Gollum- Afortunadamente no me falta el sustento. Los poemas que voy encontrando me los echo a los bolsillos. -preciosas lembas para el alma-. Ellos me prestan escaleras hacia la superficie, me limpian los ojos de la arena subterránea para que otee el paisaje, me libran del lastre que se aferra a las alas cardiacas, me desatan de tristezas que creía enormes, fatigosas, y me despejan el cielo para que mi alma felina pueda retozar tranquila al sol. Tienes toda la razón, F...

Salir de la vida o el absurdo caso del genio de la lámpara maravillosa

¿Has deseado alguna vez salir de tu propia vida? Sí, seguro que sí. Cuando esta mañana reflexionaba sobre esta idea, sobre esta sensación, pensé por un breve instante que la gente, la muchísima gente con la que trato al cabo del día, no tiene aspecto de desear salir de su propia vida. Claro que ni yo misma, lavándome la cara mecánicamente frente al espejo mientras cavilaba con el gesto quieto e inexpresivo, tenía aspecto de ello. Debe ser éste un sentimiento muy oculto, enterrado en nuestros movimientos cotidianos como una vergonzosa costumbre o como un deseo inconfesable. Sin embargo, qué presente está en nuestros actos cuando comprobamos los número premiados de este, ese u aquel sorteo, siempre con esa luz claroscura en la mirada, fruto de la frágil e ilusa esperanza de hallar algún día al generoso genio dentro de su lámpara maravillosa. Carpe Diem Imagen creada con IA ©