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empiezan los cambios...

Hay veces, la mayoría de las veces, que los cambios llegan sin avisar, sólo para sorprendernos. Sin embargo, existe también esas raras excepciones en las que los cambios se citan con nosotros y nos advierten de su visita. Lo sé porque yo misma, sin ir más lejos, me encuentro en este instante en ese segundo y extraño supuesto, ya que he quedado con ellos, con los cambios, dentro de un par de semanas, en una cita a ciegas... Por el momento, dichos cambios supondrán una desconexión, pero una desconexión literal. Sí, amigos míos, estaré una temporada apartada de ustedes y es más que probable que no me veáis navegar por estos lares en varias semanas. Espero que mi ausencia no se alargue mucho; sin embargo, tampoco me atrevo a barajar fechas. En mi camino de regreso a alta mar haré un alto en cada puerto, para despedirme casi como es debido de todos y cada uno de ustedes. Por cierto, admitiré abrazos y besos, así que id preparando una nutrida colección de ellos. Me gustaría decirles que ojal...

En el aire

En esos extraños momentos en los que me quedo con las manos vacías, no puedo evitar cierta zozobra. No en vano, hay algo, una suerte de inquietud, que se ha instalado en mi vida y que se ha empeñado en succionarme el poco sosiego que respiro para, como un parásito, medrar a mi costa y a costa de mi espacio y de mi tiempo. Ya sé que he salvado muchos desniveles a lo largo del desordenado terreno que me ha otorgado la vida. Sin embargo, ninguno fue tan amplio como éste, ni tan abrupto, ni tan brumoso. Ahora el insondable vacío que disecciona el sendero se extiende bajo mi anatomía, que un día se empeñó en salvarlo de un salto. Suspendida en el aire espero la resolución de mi trayectoria, ignorando aún quién acabará sonriéndome al final de toda esta locura: si la suerte o si la implacable fuerza gravitacional. Imagen creada con IA ©

Tarde naranja

En este preciso instante contemplo el paisaje urbano. Llueve con fuerza y Júpiter está practicando sus tonantes artes varios metros por encima de nuestros cráneos. Pero lo que ha captado mi atención esta vez no ha sido la lluvia. Hay una extraña luz que ha inundado la calle con un vívido color naranja. No es más que el resultado de aunar la luminosidad del atardecer con las espesas nubes grises que entoldan parte del cielo. Sin embargo, hay algo mágico en el aire... Así que creo que saldré a la acera para apreciarlo más de cerca, aun a riesgo de mojarme los pies, calzados todavía en una sandalias de verano... Imagen creada con IA ©

Bulle en mí

Bulle en mí la poesía, magmática riada que lame y corroe las desgastadas cárcavas del torrente sanguíneo, incandescente mordedura que me desgarra el organismo hasta alcanzar las recónditas profundidades del alma, donde rueda por los taludes, encendida y caliente, como una estrella fugaz, que, por un breve espacio de tiempo, me rescata de la oscuridad al tiempo que escalda las carnes. Imagen creada con IA ©

Queridos amigos

Me conmueve saber que tengo a unas cuantas almas ratoneando de vez en cuando por estos lares. A veces, cuando me vuelvo un poco loca (porque a veces me pasa que me vuelvo un poco loca) y me siento perdida intentando hallar un sentido a todo esto (llamadlo vida, valle de lágrimas, camino o como sea), os pienso, sí. Pienso en los que venís a visitarme a este pedacito de ciberespacio, al que imagino como un pasillo que distribuye todos esos senderos, los muchísimos senderos que se internan en el alma y en los paisajes cardiacos en los que habito. Os imagino correteando por esos territorios recónditos y me ilusiono comprobando como vuestras voces, vuestros pasos, vuestras risas disipan ese eco a vacío que antes reinaba en estos parajes. Ya no soy aquella ermitaña que pintaba poemas en las paredes de las grutas y los contemplaba sumida en esa soledad propia de los poemas que no se han escrito. Hoy me comparto. Y ese lujo que vosotros me otorgasteis logra justificarme en muchos sentid...

Sombra afilada

[ ♬ ] Hay una afilada sombra en el horizonte que me hiende la mirada. Silente, solapada, cierta, descarga contra la córnea, rampante ariete, y se abre paso devastando los senderos con su inhóspita presencia, envolviéndolo todo en la agria y cadavérica oscuridad que me amortaja. Imagen creada con IA ©

Besos de cocodrilo

Besos de cocodrilo son y fueron siempre tus besos. Fríos como el hidrógeno. Fríos como nieve y hielo. Fríos como es la noche. Fríos como el silencio. Fríos como el vil plástico. Fríos como es el cielo cada vez que te distancias y tus besos están lejos. Imagen creada con IA © Publicado en el blog de Arriconados