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Sin chocos con los que nadar...

[ ♬ ] No sé si será la partida de Don Carnal , pero hoy me siento especialmente triste. Su comitiva apenas se aleja de aquí y ya echo de menos las impertinencias del señor Momo ; bueno, señor por decir algo, pues hay que reconocer que Momo nunca se comportó como tal. Sin embargo, cómo no extrañar sus afiladas palabras, su rima casi arquitectónica y esa sagacidad deslenguada que tanto nos hizo reír hace un par de días. Nadie pudo resistirse a su malicia, ni tan siquiera las Musas , pues también hay Musas en la corte del rey del Carnaval . Si bien, como andan disfrazadas de un lugar para otro, los forasteros ni siquiera reparan en ellas. Pero los foráneos sí que sabemos distinguirlas, incluso a leguas de distancia, pavoneándose entre los bardos con esa seguridad que les otorga la belleza. Lo que quiero decir es que se acabó lo de desternillarse de risa y lo de rodar por el suelo a carcajadas, a mandíbula batiente. Y se terminaron los atracones de erizo, las guerras de papelillos, lo...

el camino de la sabiduría

Aunque el trayecto que aún me queda por cubrir es considerable, ya he dejado atrás un buen trecho y han sido tantas las verdades absolutas que me han abatido a lo largo de este periplo que mi pobre corazón ha encanecido prematuramente, aparentando ahora mucha más edad de la que en realidad atesora. No en vano, averigüé que las armaduras sólo están capacitadas para resistir determinados impactos. Quizá por eso en mi peregrinaje recibí tantas heridas sobre heridas viejas, sobre viejos errores que, a pesar de los escarmientos, sigo sin enmendar.  Eso sí, descarté al fin cualquier intento de racionalizar este desorden que algunos llaman vida, en el que el caos reina en total y absoluto albedrío. Asumí que los malvados sí que pueden conciliar el sueño por las noches, sin importar el daño que hayan infligido. Y comprobé que existen pordioseros ataviados con trajes de seda, que reptan por la vida recogiendo migajas mientras apartan del camino todo aquello que no vale dinero. Fueron...

Acción-reacción

No deja de sorprenderme como mi deambular errático por el mundo a veces retumba contra el deambular de otros, poniendo en marcha una reacción en cadena parecida a las de las bolas de billar sobre el tapete verde. Suspendidas en el espacio, nuestras almas chocan unas contra otras. Y sin darnos cuenta, nuestro propio impulso hace que, tras el golpe, esas otras almas cambien de dirección al tiempo que cambiamos de dirección nosotros mismos. Nos convertimos en acción y reacción, en pura teoría física, en alquímica respuesta. Como electrones giramos y giramos, mudándonos de un átomo a otro, transformando y transformándonos. Ya no somos magos. Ahora somos simplemente la Magia. Bajo el auspicio del verso inmediato camino ahora el mundo, lejos de los desiertos, bendecida por el lector omnipresente. Vivida soy al instante, justificada, completa pues hoy las atómicas presencias cardiacas giran a mi alrededor, transformándome, transformándose. ¿Existe acaso mayor belleza? Imagen creada co...

La sílaba de miel

Yo quise pronunciar mi palabra exacta, apresar lo incorpóreo en el hilado azul que rasgó el lienzo inmaculado, atraparla, abrazarla, sostenerla, profunda y hermosa, justa e infinita, esquiva, fugaz, hospitalaria. Por ella cabalgué yo las blancas praderas en busca de esa luz que todo lo enciende. Y así me doctoré en la rara alquimia que muta las hieles en néctar sobre la aérea arquitectura del término. Y libé entre las erizadas rosas su arcana y mística belleza de cera y miel para verterla en cien panales de versos. Imagen creada con IA © Como réplica a La Sílaba de Agua

Trapecista

Pedía tan pocas cosas a la vida, tan pocas. Yo sólo quería escribir. Sin embargo, todas las piezas de mi historia encajaron de tal forma que lo que hicieron fue recomponer el rompecabezas opuesto. Durante un tiempo intenté buscar a los culpables de tal desaguisado. Culpé al destino, culpé a todos los dioses que hallé por el sendero, culpé a la mala suerte… Y me culpé incluso a mi misma, pues los puzzles nunca se me dieron demasiado bien. Pero a estas alturas nada de eso importa ya demasiado, no ahora que veo yacer a mis pies a ese destino que tan resistente y poderoso pareció un día, ahora moribundo, desahuciado y roto. Como un Goliat mi corazón cayó lapidado por las piedras que a su paso los pequeños acontecimientos blandieron. Cada una de ellas es un interrogante, un miedo, una duda que me asalta y me apedrea la esperanza, que me roba los motivos. Desorientada en mitad del camino maldigo todo lo andado y todo lo que me queda por andar, sin saber qué hacer, sin saber adónde ir, ...

Desierto

Estoy profundamente cansada. A veces no lo parezco. A veces incluso yo misma, sumida en mi propia inercia, consigo engañarme y olvidar mi crónico agotamiento. Eso es porque hoy recorro a paso lento la fertilidad de la tierra que bajo mis pies se extiende, paladeo con fruición los dátiles, bebo el agua cristalina y fresca de los manantiales y río en sus orillas, dejando que el cascabel de mi risa se confunda con el gorgoteo del agua, puro y abundante como ella. Dejo que la vida me engañe mientras recojo los dones que hallo al alcance de mi mano. No en vano, quiero olvidar que su hospitalidad es sólo un bien pasajero, olvidar que incluso mi felicidad es sólo un espejismo, un juego óptico fruto de la yerma realidad en la que malvivo desde hace años. Sin embargo, hay cosas, cosas casi siempre cotidianas, que me regresan a mi natural estado de tristeza, cosas que me hacen levantar la vista y observar el paisaje que se extiende más allá de las gráciles y generosas palmeras, tras las cua...

Corazón de lana

Ella había zurcido ya tantas veces su maltrecho corazón que éste había empezado a adquirir la apariencia de un ovillo. Su error fue confiárselo a él una vez más para que se lo cuidase, obviando de nuevo su manía de confundir los verbos y su felina afición de hacer rodar aquellas bolas de lana. Imagen creada con IA ©