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Lista de cosas pendientes

- Arrojar los hábitos de luto a la basura. - Limpiar hasta la última mota de tristeza. - Barrer bien el suelo de demonios. - Poner velas en los rincones oscuros. - Comprar azúcar y recoger las fresas. - Hacer un balance con los besos. - Pintar las macetas de colores. - Decorar de rosa los cristales. - Plantar fe, claridades, gracias. - Bailar descalza con los duendes. - Redactar ese fax para las musas. - Podar la hiedra que está asfixiando a la esperanza. - Colgar casitas para hadas en los árboles del jardín. - Poner tiestos de alegrías en los pretiles del alma. - Guardar esta lista en el ventrículo izquierdo. Gracias, Queralt , por hacerme retomar con tus palabras este poema, el cual dormitaba inacabado en un rincón de mi estuche de lápices... Imagen creada con IA ©

Fruta madura

Mi huerto huele a fruta ya madurada, Y huele a jugosos y albos azahares, A noche de principios de verano, A promesa cumplida, A cornucopia. No en vano, La epidermis de mi alma acaricia ya el satén de los sueños. Y alberga mi paladar toda la lluvia Y los amables fotones de mi invierno, Los poemas y trifulcas de las sílfides, La arcilla, el momento y las estrellas. Imagen creada con IA ©

Tarde de levante

Como si de un lienzo de Sorolla se tratara, el luminoso paisaje parece inmóvil , como congelado en el tiempo. Incluso las hojas de los árboles permanecen quietas. Sólo el rugido y el fugaz discurrir de los automóviles traicionan tanta quietud. El viento de levante se ha quedado dormido sobre el espejo de la pleamar ; el Atlántico es ahora un león azul que dormita bajo la implacable mordedura del sol. Lo demás es todo de color amarillo ; incluso las abigarradas sombrillas parecen amarillear bajo la luz cegadora de un día de verano. El asfalto arde; una cortina de calor enturbia el aire, pintando espejismos en la mediana lejanía. Hay un gato descansando a la sombra menguante de un edificio; es el único valiente que queda sobre todas las aceras de la ciudad. Los ventiladores giran sin descanso, removiendo el oxígeno caliente. La urbe respira con pesadez, sumida en su particular siesta estival. En tanto, los niños juegan a la orilla del mar y, sobre la arena candente, las sacerdotis...

El árbol de la vida

En medio de la ruina y el dolor hallé la vida. Renació entre las rocas, sobre la despiezada arquitectura de mi existencia. La juzgué frágil; no me di cuenta entonces de cuan fuerte era su milagro. Ahora, a la sombra del sus arbórea presencia, contemplo mi particular jardín del Edén, cuyo limo vuelve a latir en el tuétano de mis huesos. A su amparo los campos de esperanza de mi alma reverdecen hoy y sobre mi costado izquierdo los arriates se llenan de flores nuevas. Imagen creada con IA ©

Amor de conveniencia

Ella sabía que él sólo la llamaba cuando a él le convenía. Sin embargo, había veces que también a ella le convenía que él la llamase. Imagen creada con IA ©

El pozo

A veces el Alma es un pozo en el cual nos precipitamos... Imagen creada con IA ©

Por los níveos páramos

[ ♬ ] Por los níveos páramos deambulo sin rumbo, sin razón y sin consuelo. En mi garganta habita hoy sólo un gañido allá donde una vez hubo palabras. El ruido del mundo barrió mi reino, me arrebató las hadas y los duendes, los huertos de fresas y los naranjos, las mariposas, las polillas, los elefantes. A la puerta de los libros de poemas mendigo a las musas transeúntes, esperando atesorar la gran fortuna que un día abonará mi regreso a Ítaca. Poema incitado por Mariam. Gracias, amiga. Imagen creada con IA ©